“Esperpento en la pasarela Cibeles” Matilde Fontecha.

Martes, 16 de Abril de 2013

El Correo y el Diario Vasco, 5 de marzo de 2013.

ESPERPENTO EN LA PASARELA CIBELES

 

Cada año, observo las imágenes de las pasarelas de la moda con la esperanza de encontrar un ápice de cordura en esos individuos endiosados que definen el canon de belleza femenina y de la elegancia. La esperanza se esfuma con las primeras imágenes que muestran los informativos de televisión. Si sigues indagando, compruebas que el patrón se repite en París, Londres, Milán o New York: la enajenación sigue campando por sus respetos en el panorama internacional de la moda.

 

 Estos días, en Madrid-Cibeles han vuelto a desfilar cuerpos de una delgadez tan extrema que parece imposible: pies, rodillas, clavículas y hombros que permitían hacer un estudio de anatomía por encima de la piel –o de la tela, como en el caso de la cresta ilíaca de la pelvis-; enfocadas las modelos de espalda, nos mostraban imágenes lamentables de las escápulas dibujadas con bordes y ángulos, o de las vértebras de la columna que parecían querer escapar.

 

No he visto mujeres bellas sino androides de aspecto enfermizo, frágiles y muy tristes. Sin lugar a duda, ese es el efecto deseado por los diseñadores que exhiben  semejante esperpento como símbolo de glamour y hermosura, cuando, en realidad, nos muestran seres desposeídos de todo atractivo. La naturaleza había sido generosa con estas jóvenes esbeltas, con cuerpos esculturales y bonitos rostros que, tras ser sometidas a un proceso de cosificación hasta el paroxismo, han perdido su esencia.

 

Me ha costado ver personas, y tengo la impresión de que los diseñadores prefieren perchas que paseen sus creaciones, en vez de mujeres, por eso las moldean hasta que se asemejan a galanes de noche andantes.  

La sospecha del absoluto desprecio hacia la persona se ha confirmado al leer “Desfiles de moda: diseño, organización y desarrollo” (E.Vilaseca, 2010). Este documento que dedica varias páginas a la emoción, seducción, espectáculo o producción artística, de un índice de 83 temas, no cita ni en un solo ítem a las modelos.

 

La preocupación por la imposición de una estética que exige una delgadez enfermiza no es un asunto nuevo. En 1999, el Senado español redactó el “Informe de la ponencia sobre los condicionantes extrasanitarios de la anorexia y la bulimia” con once recomendaciones, entre otras: que “las tiendas ofrezcan una variedad de tallas acorde a la población”; que “la moda no utilice la imagen de la mujer con un peso claramente inferior a unos límites saludables y fomente nuevos modelos corporales más acordes con la realidad”; “evitar que los menores de 18 años exhiban ropas de adulto”.

 

El debate estaba abierto. Se creó una comisión parlamentaria y llegamos a creer que el gobierno intervendría desde el marco legal de la igualdad entre los sexos. Incluso se llevó a cabo un par de acciones en las que alguna modelo no pudo desfilar a causa de su aspecto de desnutrición. Al final, resultó ser un paripé, probablemente, un acto disuasorio para acallar las protestas.

Yo misma, en un contexto más amplio, criticaba la manera de mostrar el cuerpo de la mujer en relación con “las tendencias de la moda, de la estética dominante que dictan sus gurús, imponiendo un modelo de mujer cada vez más andrógino: mujeres más altas, más delgadas, con menos pecho, con estrechísimas caderas, etc. En definitiva, un sentido estético que delata una misoginia manifiesta.”

 

Al releer este párrafo, me hubiera encantado comprobar que ha quedado obsoleto, pero no solo sigue vigente, sino que podría endurecerse, ya que el androcentrismo del mundo de la moda va en aumento.

 

A pesar de todo, siempre he tenido la certeza de que, en nuestro entorno cultural, se PUEDE y se DEBE impedir que mujeres con apariencia esquelética se muestren públicamente como arquetipo estético.

Se puede, pero es necesario voluntad política y una legislación adecuada. Por suerte, hoy disponemos del precedente de Israel, que ha puesto en vigor la primera ley en el mundo que prohíbe la presencia de modelos con delgadez extrema en anuncios publicitarios y pasarelas.Se expedirá un informe que descarte la desnutrición según los baremos de la Organización Mundial de la Salud, de manera que, no podrán desfilar personas con un índice de masa corporal inferior a 18.5, lo que supone, por ejemplo, que con una altura de 1,72 no podrán pesar menos de 54 kilos.

 

Se debe, porque hay que desmontar la creencia de que para ser atractiva hay que ser muy delgada. Y, aunque la peor parte se la llevan quienes caen en las garras de la anorexia, el deseo de ser flaca también repercute en la dificultad de la mayoría de las chicas para aceptar su cuerpo, ya que sus medidas corporales no coinciden con lo que consideran el ideal, y esto las induce a otras prácticas nocivas (automedicación, dietas, prácticas bulímicas, etc.).

Y en este punto, es necesario apelar a la responsabilidad de las familias en la educación de sus hijas. Deben preguntarse si estimulan a las niñas a seguir los cánones de comportamiento y estética femeninos y, si lo hacen, deben ser conscientes de que inculcarles la idea de que su valía reside en su atractivo físico va en detrimento de sus posibilidades vitales.

 

Matilde Fontecha Miranda

Profesora de la UPV/EHU

 

 


Compartir este artículo:




Comentar este artículo:


Nombre(*)

Email(*)

Comentario:
(*) Campos obligatorios. El email no se publicará

enviar Enviar comentario